Té verde, algo más que té

El té verde estandarizado es uno de los suplementos más versátiles en la terapia de medicina ortomolecular. Aparte de su efecto antioxidante, sobre todo contra los peróxidos, los estudios resaltan su acción anticancerígena.

No es de extrañar que haya una menor incidencia de cáncer en los países orientales donde el consumo de té verde es habitual con todas las comidas.

Quizás una de las acciones menos conocidas del té verde estandarizado sea su efecto protector sobre las grasas poliinsaturadas del cerebro, donde precisamente se encuentran en mucha más cantidad que en el resto del cuerpo. El peligro está en que estas grasas se oxidan con mayor facilidad debido a que son muy inestables. Si se oxidan, el daño que se produce al cerebro puede ser irreversible. Cuando en la piel aparecen las típicas manchas de la edad, también llamadas manchas hepáticas (lipofuscina), es señal de la oxidación de dichas grasas y hay que poner remedio antes de que el cerebro se vea afectado.

Lo curioso es que se puede frenar, detener o invertir el proceso tomando un suplemento de té verde estandarizado y, con el tiempo, las manchas (el mal menor) pueden desaparecer. Lo ideal es no esperar a que el proceso se inicie y tomar medidas preventivas.

El efecto termogénico del té verde puede ser de utilidad en dietas para adelgazar. Puede aumentar la actividad metabólica de las células de grasa marrón, con el fin de quemar las reservas con más rapidez.

Durante los meses de primavera el té verde puede ser de gran alivio para las personas que sufren de fiebre del heno, dado que es rico en flavonoides que inhiben las reacciones que intervienen en los síntomas de la alergia.

 
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